NOTA PRELIMINAR DEL
EDITOR:
Con tristeza y alivio
hemos
recibido la Curita
Nro 50 de Remington Kid,
que constituye su último registro en este espacio y encuentra aquí su
final.
Según
nos
cuenta en su última y
extensa carta,
nuestro
columnista ha encontrado en la
rutina etílica y la contemplación,
la mejor manera de transcurrir
los días
en su tan
anhelada concepción “espacial” de la vida.
Ya no
piensa en escribir, porque “nadie piensa en respirar cuando
respira”.
Nos
contenta
saber que,
luego de la aplicación de estos
cincuenta (50) "apósitos protectores", nuestro autor ha encontrado
su ansiada "cura"
y se dispone a descansar entre los
suyos, en paz.
Cheers!, Remington.
Pistilo rec.
ÚLTIMA CARTA DE REMINGTON KID A PISTILO RECORDS:
Qwerville, dixiembre
20
Amigos de Pistilo
Records:
Como el improbable Charles
Lutwidge Dogson también me atrevo a afirmar que las personas que no
existen son mucho más interesantes que las que existen. Hace tan sólo
tres meses que estoy en Qwerville (la medida temporal aquí es arbitraria:
tres meses pueden ser tres pestañeos, tres latidos de un corazón o tres
murallas chinas) y no hago más que comprobarlo. Mi analista, el
desmesurado Dr. Ácula, me hospeda en su granja y ahora sólo me
dedico a mirar las casas “easy home” que transportan los camiones por la
ruta 22 y a beber el whisky que nosotros mismos fabricamos: el OLD BOSOM
BUDDY, whisky hecho a base de granos de cebada, agua de arrollo y perros.
Mi analista, el hiperbóreo Dr. Ácula es un entusiasta promotor de
las propiedades terapéuticas del “usquebaugh” (“el agua de la vida”, en
gaélico) y un tenaz discípulo del escritor y alquimista John John
Holinshed, quien en su libro “Crónicas de Inglaterra, Escocia e
Irlanda” (1578) detallara paso a paso la elaboración primitiva del whisky
y sus más efectivos medios de fermentación, destilación y envejecimiento
en barricas. De lo anterior se desprende que no hay diferencia entre el
whisky que habrá degustado John John Holinshed y el nuestro; a excepción,
claro, del radical ingrediente que mi querido Dr. Ácula ha incluido
en la elaboración: los perros. Por supuesto (y en vista de la gran
susceptibilidad que poseen quienes viven de su lado del mundo) no está de
más informar que los perros utilizados para la eficaz y exquisita
fermentación de la cebada son seleccionados en tanto y en cuanto cumplan
con los dos requisitos básicos de OLD BOSOM BUDDY: 1) Muerte natural; 2)
Haber tenido un “amo” durante un año como mínimo. Esto garantiza el
cuerpo y el temperamento de nuestra bebida y es algo que nos hace sentir
orgullosos: nosotros no vendemos botellas de whisky, embotellamos perros.
Nadie puede sentirse solo y desprotegido después de tomar unos cuantos
tragos de nuestro whisky... Me gusta este trabajo y ya no escribo. Ya no
pienso en escribir. Aquí no hace falta. ¿Acaso Uds. piensan en “respirar”
cuando respiran? ...La “curita” que les envío fue escrita hace un tiempo
atrás y he preferido no corregirla y hacérsela llegar tal y como fue
concebida cuando estaba entre Uds. Estoy bien. Por las mañanas controlo
los alambiques y el estado de las cubas y luego voy al campo a remontar a
“Loca”, el pez de “Uno”, que ha encontrado en el aire aquello que no
tenía en el agua. “Loca” es un bello barrilete viviente que siempre me
pide más hilo del que tengo. Me hace correr mucho. Es un alivio haber
sido ocasionado en Qwerville. La vida aquí es sencilla y profunda. El sol
brilla muy alto sobre nuestras cabezas y el cielo es de un azul tan
líquido que no cabe duda porque “Loca” eligió ese nuevo hábitat para
vivir. Pienso mucho en Uds., en el mundo que he dejado atrás.
Definitivamente, no era para mí... También he encontrado
una pequeña amiga que llegó al pueblo con su padre dentro una de las
tantas casitas blancas que a diario son transportadas por la calle
principal de Qwerville para salir a la ruta. Pero hace dos días se
marcharon porque su padre no pudo vender ni una sola casa “easy home”y
decidió probar suerte en el oeste. Pero eso no es lo importante. Las
despedidas son una constante en mi vida y he llegado a acostumbrarme a
ellas. Es triste, claro, pero también es triste la permanencia. “Anit”
(su nombre era “Anita” pero insistía en ser llamada “Anit” sin la “a”para
que nunca terminaran de nombrarla) tenía 12 años y una sola cosa en
mente: ser nadadora. Por la vida que llevaba, Anit jamás había visto el
mar y se negaba imperativamente a sumergirse en los tanques australianos
que están diseminados a lo largo de todo Qwerville. Ella sólo nadaría en
el mar o no nadaría. Esas fueron sus palabras cuando nos conocimos y supo
que yo venía de un lugar llamado Mar del Plata. Ahora que lo pienso fue
muy difícil describirle el mar a alguien que sólo lo había visto en
fotografías. Anit estaba poseída por la belleza: brillaba, pero de un
modo triste. Debo confesar que en un principio tuve intenciones de
embotellarla y bebérmela poco a poco. Pero no hubiera sido justo. Ella
tenía un lugar al cual llegar y era lo único que le importaba. No hubiera
sido un buen trago. No aún. Anit era de esas personas que se estrellarían
con su destino, que no lo esperarían jamás y de ese modo vivía. Debajo de
su vestido verde pastel bordado con motivos marinos siempre llevaba
puesta su malla roja de una pieza que comenzaba a insinuar a una
“mujer”que no tardaría mucho en salir. Sólo la vi una vez sin sus
antiparras y su gorro de nadadora. Su cabello era extremadamente largo,
enrulado, sin forma precisa. Nunca se lo había cortado. Era como
ella. Jamás olvidaré ese perfume de lo intacto, de flores
campestres crecidas sin el cuidado de nadie. Fue al segundo día de
conocerla cuando me mostró una postal arrugada donde apenas se distinguía
el mar y la arena de una playa en Newcastle, Australia. Era una de esas
fotografías turísticas que se compran en los aeropuertos para enviar a
los parientes. Pero en el dorso no había ninguna dedicatoria o firma. Era
evidente que se pasaba el día mirando aquella imagen. Supongo que fue
entonces cuando se me ocurrió la idea de construir un “mar” en la colina
Qwrong, al sur de Qwerville. Sólo nos llevó seis días hacerlo:
conseguimos una decena de sabanas y las pintamos las olas celestes y la
espuma; luego apuntalamos cuatro postes en la tierra y atamos las sábanas
formando un cuadrado y en el centro colocamos una hamaca de plaza sin las
sillas para que el arnés que la iba a sostener se deslizara con facilidad
y ella pudiera bracear y patalear a gusto. Nos llevó todo un día
acarrear la suficiente arena para hacer el fondo de nuestro pequeño mar.
Anit era muy seria para una chica de su edad. Yo, desde el otro extremo,
también. Lo nuestro no era la felicidad y eso nos unía y nos hacía
infinitamente dichosos. Durante un mes me dedique a verla “nadar”
desde el fondo del mar vaciando botellas de whisky junto a las
piedras que simulaban ser caracoles y conchas marinas. Nada más
allá de nuestro mar valía la pena. Nada más allá de nosotros era
“nosotros”. La noche anterior a que partiera con su padre decidió
quedarse en el fondo del mar conmigo. Me dijo que estaba muy triste para
nadar esa noche. Estaba vestida de niña común y no de “nadadora”: no
llevaba ni el gorro ni las antiparras ni la malla roja. Sólo su vestido
verde pastel y su postal de Australia. Le conté cómo hacíamos el whisky y
para mi sorpresa se mostró encantada con el ingrediente secreto. Bebió
unos tragos cortos y luego se quedó dormida entre mis brazos aferrando su
postal. En silencio, bellamente, bajo el latir de todas las estrellas del
universo, nos despedimos. Al día siguiente la vi marcharse dentro
de la casa ensamblada que transportaba su padre. Iba asomada a una de las
ventanas laterales y tenía puesto el gorro y las antiparras. Ella no me
vio. Sé que será una gran “nadadora” cuando crezca. Cada noche cuando me
tiro en el fondo del mar a tomar mis perros embotellados y ver las
estrellas pienso en eso. Las casas “easy home” ensambladas en las
afueras de Qwerville siguen pasando a diario, pero todas van
vacías. Son pequeñas, radiantes. Supongo que no siempre serán así. Pero
eso tampoco es lo que importa.
mío, Remington Kid
P.D: soy
mañana.
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CURITA 50
(REQUIEMGTON)
¿Quién está en lo cierto? ¿Por qué lado del telescopio
conviene mirar al mundo? ¿Por los dos? ¿Por ninguno? ¿Quién es más
poderoso: nosotros o nuestra información genética? ¿Qué nos hace amar lo
que amamos? ¿Y odiar? ¿La presión publicitaria? ¿El sentimiento de
inferioridad? ¿De dominio? ¿De poder? ¿Qué hubiera sido de la humanidad
sin él? ¿Cuánto amor puede resistir una persona sin volverse loca? ¿No es
acaso el amor una sobreestimación? ¿Una excusa puramente sexual y
reproductiva? ¿Una soterrada búsqueda de posicionamiento social? ¿Un
snobismo espiritual? ¿Entendemos realmente la diferencia entre “señalar”
y “apuntar”? ¿Qué será de mí sin mí? ¿Una mejor persona? ¿Sana?
¿Adaptada? ¿Me querré? ¿Valdré la pena? ¿Valdré? ¿Dónde empiezo y dónde
termino? ¿En mi cuerpo? ¿En mi mente? ¿En la de los demás? ¿Solo?
¿Siempre? ¿Lo único que importa es
la FUNcionalidad
de las ideas? ¿La carrera ciega en procura de la inconseguible
$atisfucktion? ¿Del bienSTAR? ¿Siento que pienso? ¿Pienso que siento?
¿Corazón Vs. Cerebro? ¿Corazón = Cerebro? ¿Corazón + Cerebro? ¿Corazón -
Cerebro? ¿Corazón x Cerebro? ¿Corazón % Cerebro? ¿Siento que siento que
siento? ¿Pienso que pienso que pienso? ¿No sé? ¿Nunca lo
sabré? ¿Me importa? ¿Considero que el mundo es una prolongación de mí?
¿Como todos? ¿Soy todos? ¿Los que nunca seré? ¿Los que fui? ¿En mis
sueños? ¿Despierto? ¿Pregunto?: ¿Nuestra existencia es tan aburrida como
lo creemos o es la consecuencia de un viejo sistema de control ejercido a
través de las campañas publicitarias que sponsorean nuestra vida
llenándola de MAYÚSCULAS y carteles de neón que todo el tiempo están
parpadeando sus ofertas a lo largo y a lo ancho del mundo
encegueciéndonos apelando a nuestra ingenuidad llamándonos con su sensual
índice prostituido para que sigamos oyendo el canto de las sirenas que se
mete en nuestra cabeza y la inunda de información inútil desde que
abrimos nuestros ojos a la monótona nueva mañana hasta que nos sacamos
nuestros gastados trajes de “nosotros” y los tiramos sobre la cama como
si fueran pesadas bolsas de papas que nadie a querido comprar en la
gran feria del mercado donde diariamente nos ofrecemos poniéndonos un
precio que tarde o temprano será el “ofertón de la semana” y que si
tenemos suerte algún día alguien escribirá nuestro último precio en una
de esas pizarras negras: PAPA VIEJA Kilo 0,30 ctvs. Regalados apenas
comestibles ideales para pisar y hacer puré seremos comprados por
señoras fulanas anaftalinadas una bella y soleada mañana de marzo
atravesada por cientos de pájaros que acompañarán con su canto nuestro
desmembramiento a través de las costuras de la bolsa por donde poco a
poco nos iremos yendo: un kilo, dos, un cuarto... Así la bolsa de papas
se irá vaciando sin que nos demos cuenta y cada día estaremos más
livianos y menos nosotros al arrojarnos sobre una cama que nos sobrevivirá
porque las camas están hechas para la vida porque son vientres maternos
artificiales donde nos volvemos a sentir protegidos donde cada noche
volvemos a recordar que una vez no existimos donde lloramos y nos
reproducimos con encantadora bestialidad rehaciéndonos continuándonos
obstinadamente en otras personas que serán arrancadas sangrientamente a
la vida y cargarán con el peso de llevar la marca humana hundida en el
centro de sus cuerpos para recordarles que la cadena no ha sido rota que
ninguna pregunta ha sido respondida que todo sigue ocurriendo en ellos
como en el primer hombre porque ese ombligo que aún guarda residuos de
madre es la señal de que el círculo es infranqueable y de que estamos
condenados a peregrinar un camino que es siempre el mismo camino una y
otra vez inédito y una y otra vez olvidado bajo la danza de las
siempremismas estrellas que todo el tiempo nos están recordando aquello
que hemos olvidado aquella fuerza que una vez nos hizo ser parte
del océano infinito de la vida y que ahora nos encuentra exiliados
de su fuente arrancados resumidos perdidos en millones y millones de
vasos de agua caóticamente dispersos en el mundo como piezas de un puzzle
impracticable que tiene vocación de orden de reestablecimiento de
re-unión oceánica donde todos somos el mar y no parte de él donde impera
la totalidad y no la parcialidad donde todas las mentes son una mente que
al fin podrá dejar de formular sus preguntas por la sencilla razón de que
encarnará todas las respuestas: las será?) ¿Y las escucharemos? ¿Con los
oídos de la mente? ¿Podremos ver la música que está ocurriendo frente a
nuestras narices debajo de nuestra piel a lo largo de todas las calles
alrededor del planeta entre los cuerpos celestes que tocan la música del
universo la música viva que surge de las alcantarillas con el alma sonora
de un stradivarius traduciendo los pulsos exactos de la incertidumbre de
aquello que nos habita de aquello que se mueve en nuestro interior y no
puede ser asido ni nombrado música de automóviles de corazones mecánicos
bombeando aceite acelerando estrellándose metiéndose en las habitaciones
a través de las ventanas abiertas y rompiéndolo todo crash boom bang
paredes rotas huesos quebrados techos que ceden esquirlas que se
incrustan gritos expulsados hacia el espacio exterior viajando a la
velocidad de la luz atravesando la chatarra espacial que orbita alrededor
de la tierra extinguiéndose desapareciendo para siempre como los
minutos detenidos del insomnio cuando todo duerme alrededor en silencio
sin palabras con los ojos abiertos buscando un sueño que no llega
asimilándose al goteo monótono de los pequeños relojes despertadores de $
2.00 un día de semana por la madrugada clac clac clac arrinconándote
horadando tu cerebro de piedra obligándote a pensar a encender
cigarrillos a expulsar suspiros nicotínicos que acompañan tu mínima
combustión diaria tu pérdida horizontal de fluidos orgánicos de saliva de
eyaculaciones desganadas de lágrimas de flatos alcohólicos entre sábanas
que mañana se colgaran al sol junto con los calzoncillos la remera los
pantalones las medias y todo el uniforme de civilidad que te permite
seguir participando de la música del mundo de la música que ocurre afuera
de la música de los colectivos de los semáforos de los perfumes baratos
de las monedas que pasan de mano en mano de los fajos de billetes que se
cuentan en los Bancos Nacionales de la manada humana que avanza
sincronizadamente con sus expedientes sus boletas de luz sus boletines de
calificaciones sus garrapateos de cartas de amor sus agendas sus dietas
de la luna sus tarjetas de presentación sus fotos carnet sus números
telefónicos hablando solos guardando silencio evitando mirar al de al
lado consultando mecánicamente una hora que poco importa desentendiéndose
de la música del mundo que oyen (porque la oyen) oyen la gran partitura
humana que los contiene y que se extiende a lo largo y a lo ancho del
planeta ocasionándose a sí misma todo el tiempo desde cualquier
lugar sumándose mezclándose naciendo arbitrariamente en las sirenas
de los buques que navegan en ultramar en los naipes que se colocan sobre
los rayos de las bicicletas en las canillas que gotean en las viejas
Remington que aun se teclean en las 9 mm que se limpian como si se estuviera
desvistiendo a una de 17 en el ritmo ininterrumpido del canto de los
grillos en la snifada de un baño público en el constante zumbido de tu
heladera en la irreversible línea verde de un monitor de terapia
intensiva al abrir un paquete de cigarrillos al cortarse las uñas al
escribir una lista de supermercado al besar al mover la mano diciendo
adiós en las vías del tren en las máquinas expendedoras de café en los
estadios de fútbol en las guitarras desafinadas en el desplazamiento de
las nubes en el vai-ven de los postes de luz en las sillas mecedoras en
las botellas que se rompen en el piso en las cabezas que se estrellan
contra la pared en la armoniosa opulencia de una araña tejiendo su tela
en la suite inglesa n° 6 de Bach en las manos de Glenn Gould en los
libros que están imprimiéndose en este momento en los conservatorios
abúlicos en las universidades tapiadas en las palas que se hunden en la
tierra para hacer tumbas en los edificios que se levantan al copular en
el medio de un bostezo al soñar en un chasquido de dedos la música del
mundo comienza a ejecutarse a ejecutarnos a marcarnos el ritmo de
la belleza de la desesperación maquillada de los lunes martes miércoles
jueves viernes sábados domingos repitiéndonos una y otra vez como
fotocopias de 10 ctvs desde los pisos más altos de los de los edificios
de cinco estrellas hasta los barrios más alejados y más bajos de cinco
mil estrellas los barrios pobres los barrios tetrix los barrios de techos
de chapa donde vivimos los cuentamonedas los que vemos el mundo a través
de una señal de cable robada los que tenemos los mejores cielos nocturnos
y los mejores solos de batería que toca la lluvia cuando se nos regala
una gran tormenta que siempre comienza con el paulatino oscurecimiento
del cielo como si alguien bajara las luces de un teatro natural que preanuncia
el acto irrepetible del cual seremos testigos apenas se descorra el
telón invisible de la cotidianeidad apenas veamos cómo las ráfagas de
viento empiezan a templar los instrumentos a probar la sonoridad de las
paredes huecas de las chapas flojas de los rubber oil deshilachados que
dan pequeños latigazos contra las maderas marcando el ritmo inédito del
baterista ubicuo que se precipita sutilmente en una primera gota que cae
por aquí tic y luego otra más allá tac y después un tarro de plástico que
es arremolinado hasta algún rincón pum y al fin se desata el
aguacero contenido shhhhhh! el crecento líquido la resonancia
policromática de los miles de bombos y platillos dispuestos a nuestro
alrededor sobre nuestras cabezas dentro de nuestro pecho donde escuchamos
el zumbido atronador del cielo que se suma al diálogo musical como un
contrabajo sabio bluuuggg bluuuggg y toda la orquesta comienza a
improvisar desde el fondo expandiéndose incitando a los de adelante a
seguir su mecánica sanguínea contagiándolos porque las ciudades funcionan
como grandes orquestas de jazz que se sostienen por los que están en el
“fondo” los que llevan el ritmo la masa que hace los trabajos pesados los
jornaleros los que tienden los puentes los que hacen las autopistas
los que levantan los edificios los que recolectan la basura humana los
que construyen y limpian las casas de los que viven adelante en el centro
del escenario los que siempre tienen un reflector que les apunta los que
siempre se llevan todos los aplausos de la noche de la interminable noche
de la humanidad que aún nos encierra y no nos deja ver la luces del
amanecer que nos mantiene en un nuestro pequeño bosque de cuento de hadas
intercambiando dulces los unos a los otros como niñitos histéricos que
quieren que ahora venga el “lobo” y ahora no y ahora sí y ahora no
niñitos huérfanos perdidos jugando tiernamente a los “grandes” niñitos
que engendran niñitos y que se deleitan jugando a la “mamá” y al “papá” y
a la “casita” siempre dentro de los límites del bosque porque saben que
quien va más allá de los últimos árboles sólo regresa como “lobo” y nadie
-salvo los lobos- quiere ser el “lobo” de la historia el depositario de
los miedos la cara visible de aquello que intuimos en nuestro interior
cada vez que nos vamos a dormir al levantarnos al ver nuestra cara en un
espejo al compadecernos al imponernos una sonrisa que nos haga pasar
inadvertidos entre las miles de sonrisas autoimpuestas que pasan
inadvertidas en los centros comerciales en los cines en las iglesias en los
salones de baile en los hoteles alojamientos sonrisas pasajeras sonrisas
drogadas sonrisas con fecha de vencimiento que se pudren en nuestras
bocas como las flores de Samuel Coleridge arrancadas del paraíso las
flores invisibles que nos dolerán toda la vida las flores que tienen el
nombre y el perfume de aquellos a quienes hemos amado durante cinco
minutos o desde antes de existir flores imperfectas condenadas a la
prisión de lo perfecto de lo acabado de lo inerte de lo que nunca
cambiará de lo muerto intensamente vivo que nos obstinamos en RECordar y
reproducir una y otra vez en las gastadas cintas de nuestra mente de 60
minutos nuestra mente de lado A y lado B que todo el tiempo está dando
vueltas en nuestra cabeza sonando seduciéndonos empujándonos hacia
la tristeza y la esperanza como monos aristocráticamente adiestrados para
desear pidiendo permiso para sufrir buscando aplausos para creer en lo
que imaginamos ciegamente porque sufrimos de miopía metafísica y nunca
vemos más allá de nuestra propia cara ensayada miles de veces en un
espejo del tamaño de la tapa de un inodoro donde a veces conseguimos
vernos como quisiéramos que nos vean los inagotables otros que somos los
que nos confunden los que actúan inocentemente en nuestro interior
tratando de sobrevivir para convertirse en las palabras que saldrán de
nuestra boca para tomar un lugar que no tardaran en sentir como propio
porque uno debe entender que somos una pugna de discursos una pelea de
entidades en pos de la “realización” donde no siempre gana el argumento
más justo sino el más convincente: hablar es haber renunciado a decirlo
todo: “yo” es plural: es “nosotros”: los “otros” los que “hablan” en
nuestra cabeza y quieren ser “yo”... ahora veo el desplazamiento de las
nubes al otro lado de la ventana y respiro con su ritmo me siento bien al
ser atravesado por la belleza del mundo a través mi pequeña postal
viviente de altísimos eucaliptos que se balancean casi imperceptiblemente
produciendo con sus hojas un rumor oceánico sólo interrumpido por los pájaros
los perros y los gallos que cantan a la hora de la siesta cuando todo
duerme en los barrios bajos y los cuerpos jóvenes se preparan para la
noche onomatopéyica de la cumbia la noche etílica y apoxirranada de
Crónica TV que se sale de la pantalla y se instala en las esquinas sobre
los muros sin revocar donde los Jonatan Dominguez perpetúan con aerosol
su amor por las Jenifer lópez que dentro de unos meses quedaran
embarazadas y ya no serán amadas “x 100pre” ni por nadie mientras
amamantan frustradamente a sus niños bajo las luces nerviosas de los
helicópteros de la policía que zumban en el cielo como mosquitos gigantes
que uno quisiera espantar con la mano helicópteros que revolucionan el
ritmo del barrio dándole el toque holliwoodense de una película de
Robocop de los suburbios de Detroit en un futuro tercermundista donde yo
escribo y cada diez minutos el poderoso haz de luz del helicóptero se
mete en mi habitación iluminándome convirtiéndome en un blanco fácil para
su mira telescópica made in Burzaco que me fotografía haciendo preguntas
estúpidas frente a un teclado tratando de explicarme un absurdo mayúsculo
con 29 signos y 2 cajas de cigarros que nunca son suficientes que nunca
bastan para iluminar la incertidumbre en la que nos movemos entrópicamente
hacia nuestro fin hacia nuestra muerte hacia ese territorio que nos
obstinamos en negar enciclopédicamente o en afirmar de un modo pueril con
libros de autoayuda que sólo ayudaron a quienes los e$cribieron... nadie
sabe nada ni vos ni tu padre ni el padre de tu padre y eso es sumamente
estimulante porque nos hace recordar nuestra situación “inédita” (la
mayoría del tiempo lo olvidamos) en este maravilloso mundo que
infantilmente tildamos de “mundo de mierda” porque aún no nos hemos
“pelado” como las cebollas porque aún no hemos llegado a su corazón a la
bella “nada” que late debajo de todas nuestras capas de enclenque
seguridad que a diario mostramos a los demás para no asumir la fragilidad
de la que estamos hechos para no reconocer la poca consistencia que corre
por nuestras venas...ayer quise conocer el mundo y me senté en un banco
durante una hora a mirar a la gente: fue un acto adrede meditado quería
ver al ser humano en plena acción libre de su rutina de su freno
cotidiano quería verlo de vacaciones y me senté frente a
la Catedral de San
Pedro como un pichón sudamericano de Ramonovich Raskolnikov y lo vi: vi
su desperdicio su ceguera su idiotez crónica su belleza inextirpable que
me provocaron salir corriendo a abrazarlos y besarlos y patearlos y escupirlos
a todos y a cada uno sin estar seguro de cuál era el ánimo que me
impulsaba hacerlo: todos eran “inimputables” de su belleza y de su
estupidez yo mismo era un tonto radiante que había perdido la noción de
su cuerpo de sus límites de su temporalidad y durante una hora fui sólo
mis ojos grabándolo todo escuchando la infinita sinfonía del universo
viendo el eterno fluir del río de la humanidad deslizándose frente a mí
con ingobernable frescura e impunidad mientras el sol caía y mis
compañeros de banco (“homeless” “clochard” “linyeras” “vagabundos”...
¿cómo nombrarlos sin caer en la soberbia del nenito bien peinado?) reían
y tomaban mate como dioses inferiores desterrados de un Olimpo
impracticable que se construye desde el futuro con los retazos de la tela
de la que están hechos nuestro sueños y nuestra corta vida que a
fuerza de negación los hace vivir con los ojos hacia adentro y hacia
atrás con una esperanza invertida que día a día les concede creer que
alguna vez alcanzaran un “pasado” ideal donde lo hecho haciéndose está
porque su lógica a trascendido el miedo burgués al que hace referencia
George Bataille cuando habla del descenso y la ruptura social traducida
en abstinencia de “trabajo” al encarnar éste la actividad fundamental que
separa al hombre del animal que por un lado constituye la base de la
sociedad y por el otro es la fuente de toda represión: los tabúes
fundamentales nacen de la necesidad de restringir cualquier actividad
cuya libre interpretación represente una amenaza para el “buen” funcionamiento
del mundo... por eso nadie (salvo perros y niños) “reparaba” en mis
compañeros de banco en su atrevimiento existencial en su renuncia
alevosa: ellos eran un tabú roto un límite corrido una racionalidad otra
que ponía en jaque la “realidad” de los pixelados transeúntes que por
allí pasábamos: ellos eran escalofriantemente nítidos y nosotros no... yo
era cualquiera de los “normales” que pasaba frente a mí: era el pibe
flaquito con la remera de korn que caminaba abrazando y besando a “su”
chica (su primera chica, era obvio) amatambrada en un jean que
seguramente le trajo papá noel era los viejitos aburridos que apestaban a
jarabe de menta era el grupito de “nenitas” pavoneándose y sacandose
fotos digitales como femmes fatal manejadas por un titiritero con
parkinson era los tipos rostizados sacando pechito en inconfundible
misión de apareamiento era el “gordo” bueno llevando a su hijo a
caballito al lado de la “bruja” era los recién casados excesivamente bien
vestidos era los demasiado casados vestidos así nomás era el hombre
y la mujer fluyendo infinitamente solos e infinitamente acompañados en el
mejor de los mundos posibles en el mundo que sólo en contadas
oportunidades se nos permite entrar y recorrer el mundo que se mueve bajo
la cálida brisa de un veranito de San Juan mental que nos muestra la
diaria hostilidad en la que nos movemos hostilidad impuesta argumentada y
defendida como una madriguera en pleno invierno... Ya no sé quien escribe
esto las aguas se mezclan y no dejan de fluir supongo que por eso me voy
para simplificarme para dejarme en paz: para quedarme: pienso en mí desde
Remington Kid en términos de ausencia y creo que sólo soy todos aquellos
que fui pero pienso en Remington Kid desde mí y veo un animal que no es
de este mundo y que como tal debe irse para encontrarse con los suyos
para perderse para vagar por las desdibujadas cimas del mundo como un
bello y trágico Frankenstein ensamblado con torpeza y amor en esta otra
noche estrellada que llamamos el mundo “real” la vida “verdadera” el
dulce “sueño” de los dioses en el que despertamos para buscarnos e
indefectiblemente perdernos en el hallazgo... cada palabra que escribí a
lo largo de todo le 2005 fue un habitante menos de mí fui un éxodo
silencioso y nocturno que al fin terminará conmigo porque ya he comenzado
a llegar a mi nueva morada donde nos reuniré para “cerebrar” mi FUNeral
en el mundo en el “más acá” porque la muerte no existe porque la muerte
es la excusa más usada por aquellos que no están vivos: R.I.P! R.I.P! BURRA! cantan las flores
salvajes que crecen en las grietas de los edificios R.I.P! R.I.P! BURRA! grita el viento al
hacer girar las antenas de t.v R.I.P! R.I.P!
BURRA! vocifera la lluvia cada vez que
tamborilea en tu ventana R.I.P! R.I.P! BURRA! susurra el corazón que llevas entre tus manos como
una vela encendida R.I.P! R.I.P! BURRA! dicen las voces del otro lado de tu teléfono R.I.P!
R.I.P! BURRA! escriben
los suicidas en el envoltorio de huesos y carne que dejan R.I.P! R.I.P! BURRA! dicen las canciones
que te hacen pedir una cerveza más a las 7 de la mañana R.I.P! R.I.P! BURRA! dicen los cuerpos
que se unen R.I.P! R.I.P! BURRA! zumban los aviones que se estrellan en tu
cabeza R.I.P! R.I.P! BURRA! gritan los niños que juegan en los cementerios
R.I.P! R.I.P! BURRA! dicen
las palabras revueltas de los que confiesan su amor R.I.P! R.I.P! BURRA! aseguran los que
miran como vos R.I.P! R.I.P! BURRA! cantan las campanas que doblan por el universo
R.I.P! R.I.P! BURRA! dice William Blake:
Quien se ata a un placer
Destruye el vuelo de la vida;
Pero quien le envía un beso cuando se aleja
Vive en el alba del sol de la eternidad.
en mí seré mañana
gracias a todos.
Remington Kid